domingo, 30 de marzo de 2014

Un poco de Aguas Claras.

UN CUENTO PARA REFLEXIONAR Y TRABAJAR EN EL AULA DE CLASES.

MISUEÑO, TU SUEÑO, NUESTRO SUEÑO. Zapp, hupp, hayyy, umm, pumm, eran los ruidos que constantemente se escuchaban desde el paraíso celestial, lugar adaptado para que el creador del mundo descansara y se relajara observando la belleza de su obra creadora, nuestro planeta. Cada minuto, cada hora, cada día eran más intensas esas bestiales lamentaciones que interrumpían la tranquilidad de nuestro Dios y toda su legión de servidores. Ah! No puedo dormir más, me siento intranquilo sin saber que está sucediendo con mi obra maestra, de no ser por mis juanetes emprendería camino para averiguarlo, dijo papá Dios. Pedro, su fiel servidor, dijo: “Si no fuera por mi artritis yo te haría el mandado y ni modo de montar al corcel, a éste le hace falta una herradura y pues con la inseguridad de la tierra, el herrero fue desplazado hacia acá y no alcanzó a traer ni una sola. Entre pensamientos, ideas y propuestas tomaron la decisión de enviar a la paloma a buscar el lugar que generaba tan brutales ruidos y como no existe duda alguna de la inteligencia y del poder de papá Dios, éste puso en su mochila el néctar de la paz, para que fuese roseado en los lugares donde encontrase violencia. La obediente mensajera emprende vuelo hacia el ruidoso planeta; Primero, llegó al Vaticano de donde salían enormes gritos, pero allí lo único que sucedía era la celebración con juegos pirotécnicos del nombramiento de un nuevo Papa; luego, se acercó a Portugal y lo que allí observó era una enorme multitud que oraba, rezaba, gritaba y cantaba por la aparición de la madre de Dios a tres pastorcitos; y por último, se dejó llevar por la vibración de tres bellos colores que formaban una bandera y que representaban el emprendimiento, el cálido y hermoso país nuestro, Colombia. ¡Por fin! Exclamó la paloma, este debe ser el lugar que necesita del elixir que generará la tranquilidad al planeta, pues alcanzo a ver niños y niñas que lloran porque se les ha negado el derecho de nacer; Viudas que lamentan la pérdida de sus esposos arrebatados por las balas; Jóvenes que gimen por la amargura de verse sumergidos en el mundo de las drogas; Ancianos que reniegan de haber procreado hijos egoístas e ingratos que, sin dudarlo, los abandonaron en la calle para que sobrevivieran de la mendicidad, y observo familias enteras que blasfeman de verse despojadas de sus tierras o desintegradas por la culpa del alcohol y la prostitución. Sin pensarlo dos veces, aquella valiente paloma, tomó la bandera tricolor, depositó en ella el anhelado néctar y con un fuerte aleteo alzó vuelo visitando cada rincón de este país e inyectando en sus regiones y montañas, sus líderes, sus gobernantes y en cada uno de los corazones de sus habitantes la encomendada pócima, que hoy por hoy hace que soñemos con una mejor patria: Justa, democrática, con oportunidades y en Paz, y más aún, que el creador pueda descansar y maravillase nuevamente con la tranquilidad de los campos colombianos. Wialpoar74.